septiembre 04, 2009

Julieta y el tontón buenote

Todo lo que pasó entre marzo y ahora difícilmente puede escribirse brevemente. Vale decir que han pasado muchas cosas (obviamente, ni la vida de un par de estudiantes de posgrado puede ser tan poco movida): que la guagua es niña y se llama Julieta, que entre medio nos dijeron que iba a tener que nacer más o menos por ahora porque tenía una condición peligrosa llamada vasa previa—y que terminó siendo un error de diagnóstico—, que nos cambiamos de casa a un departamento de estudiantes un poco más grande, para poder hacer caber a la nueva inquilina, que terminé un semestre que resultó ser muy pesado, que estudié para mi examen de master—que ya di—, que este último mes y medio mi mamá ha estado acá conociendo… y así. Siempre pensé que entre una cosa y otra iba a escribir, pero nunca encontré el tiempo o las ganas para hacerlo hasta ahora.


Sin dudarlo lo más importante es Julieta. Todo ha girado en torno a ella en diferentes sentidos. El día que nos dijeron que tenía lo de la vasa previa lo sufrimos todo y lloramos y no entendíamos por qué, y todo eso. Luego nos fuimos tranquilizando, yendo más lento y procurando que todo estuviera bien para la semana 36, la fecha límite entonces, y que es hoy, de hecho. Muchos planes tuvieron que ser cancelados, otros modificados. La vasa previa es en general una condición complicada, en que los vasos del cordón umbilical cruzan la cérvix, por lo que si es que se comienza el trabajo de parto, entonces la guagua puede morir desangrada en pocos minutos. De ahí que fuera tan importante una cesárea más o menos por esta fecha. Sole tendría que haber pasado más de un mes internada en el hospital, con monitoreo más o menos constante del corazón de Julieta. Una vez diagnosticada, la condición deja de ser mortal, pero de todas formas la guagua nace un poquito prematura. Y fue hace cerca de siete semanas nomás que sabemos que en verdad el diagnóstico estaba errado. Un error involuntario y más bien de buena voluntad, y nos costó sus buenos días creer que todo estaba bien. Y lo está. La Ju sigue creciendo harto, está sanita y grande, y se supone que va a nacer dos semanas antes, o dos después, del 2 de octubre, por parto normal y la cuestión.


Y así se nos ha pasado el tiempo. Ahora resulta que no hemos podido hacer mucha preparación preparto, por lo que estamos tratando de ver películas medias sangrientas de nacimientos y cosas así. Compramos una cámara nueva en la que intentaré grabar el momento exacto de su nacimiento (procuraré no grabar muy gore). Lo intentaré, realmente, porque tengo que reconocer que me pongo emocional con esto, al punto de que se me salen mis lagrimones de repente cuando estamos en una fila en una tienda de guaguas y cerca de mí hay una guagüita recién nacida. Lo mismo cuando le armé su cuna, o cuando por fin prendimos las lamparitas con ranitas cerca de la cuna, que además tiene su nombre encima (su pieza parece los créditos de inicio de una película). Es decir que yo, el tipo ese que no lloraba con nada, se ha vuelto un llorón, y a mucha honra. Estoy baboso y feliz, y estamos esperando cada vez con más ganas que llegue el momento del parto.



Por otro lado, volvimos a empezar con un nuevo semestre. Enseñó una clase de literatura hispanoamericana a estudiantes de tercer año. Es un curso que me entretiene, y tengo como treinta. Lamentablemente no creo que el número vaya a ser menor (que es un objetivo que se intenta lograr el primer día de clases siendo una mierda de persona, o sea, dando a entender que tu vida es miserable y que no harás nada para no hacerles la vida miserable a ellos). El torpe de yo no pudo hacer nada mejor que sonreírles después de hacer su mejor entrada de diez minutos en que no dijo nada ni los miró. La peor performance del planeta, que sólo pudo ser empeorada con que el torpe de yo, mientras les leía el sílabo súper antipático, les dijera chistes y además les dijera que, si tienen problemas, hasta estaba dispuesto a diseñar un sistema de trabajo extra. Un fiasco. Le achaco la culpa a que me he vuelto un tonto baboso… en verdad ni tanto me importa si me quedo con treinta—claro que no sé si diré eso al momento de corregir los cerca de trescientos trabajos que eso significa. Me pasa por tontón buenote.

marzo 24, 2009

Cansancio

No escribo hace mil años y la excusa es la misma, casi. Pero hoy me estoy dando un tiempecito, pequeñito, para escribir, celebrar que ya llega la primavera—lentamente los árboles van soltándose y ya viene esa explosión que a mí, al menos, me hace emocionarme cada vez—y contar que el último mes no hemos parado mucho, de tanta pega y cosas nuevas que están pasando.

De principio, creo que a mí ya me está pasando la cuenta no tener vacaciones lo que se llama vacaciones hace casi ya tres años. Porque claro, antes de irme de Chile tuve casi un mes sin hacer “nada”, pero nos estábamos cambiando de casa y de país, después, cuando llegamos, lo mismo, llegar, sentarnos en el suelo durante un buen tiempo—con el dolor que eso implica después de horas—, dormir en un colchón de plástico en pleno verano, jugar a tirar cartas a una caja para matar el tiempo, y después los semestres, y los cursos de verano, y el viaje a Perú, que será el mejor que he tenido, pero en que igual estábamos a cargo de treinta cabros… y ahora, con menos clases que tomar, pero dos clases que enseñar, y enseñar todos los días y leer todo lo que hay que leer para el examen de Master… parece que ha sido demasiado. Las vacaciones de primavera recién pasaron. Ni nos dimos cuenta. Sí salimos al zoológico con la K que vino con su pololo de Chile, fuimos a Atlantic City por una noche para tener una mini luna de miel, paseamos un día por Manhattan, pero igual seguimos cansados y un poco agobiados.

Más todavía porque, además de todo, nos vamos a cambiar de casa la próxima semana. A una casa más grande, cruzando la calle, porque los muebles ya no nos caben. Así que el desorden por acá reina, y no nos da el cuero para ordenar mucho más. Hay cajas por todos lados, libros por todos lados, y también vasos y platos, papeles y mugre en el suelo que la aspiradora no va a recoger sino hasta que ya estemos terminando de cambiarnos. ¿Y por qué nos estamos cambiando en esta fecha? Porque la gente de housing, acá en Rutgers, no te permite cambiarte en verano, sino que sólo en medio del semestre. Será para que la gente no se cambie a menos que lo necesite.

Y luego, Sole, que también está con tantas cosas. Sólo un curso, pero enseña dos, y trabaja muchas horas en el language lab, y además, hasta hace poco, estaba haciendo de intérprete voluntaria en el hospital. Ayer fuimos al médico y le dijo que mejor dejara de hacer el voluntariado, que no era bueno estresarse tanto. Es que esa es la otra… la Sole está embarazada, y la guagua ya le está pidiendo un poco más de calma, pese a que su corazón no está tan calmado, como se puede escuchar (parece estar en el metro, su corazón; la foto es de hace un mes atrás):

video

Así que se puede entender que, pese a todo el cansancio que estamos acumulando, estemos más que contentos. Los primeros días de octubre son la fecha más probable, y ya vamos a ir teniendo más imágenes.

febrero 02, 2009

De la crisis económica

Mucha gente me ha preguntado acerca de cómo se ve la crisis económica en los Estados Unidos. Parece complejo pensar que este país tenga problemas económicos tan fuertes que se puedan sentir acá mismo. Y, sin embargo, cada vez se sienten más. En la gente, en la calle, en el correo. Por ejemplo, y esto es lo más que llego a sentir yo, que tengo un ingreso fijo y seguro, desde que comenzaron los problemas económicos hasta ahora, sobre todo en cuanto al crédito, el número de ofertas de tarjetas de crédito ha bajado notablemente. Hace unos seis meses atrás, yo recibía una serie de ofrecimientos de tarjetas que podía ser grosero para una persona, pero, por mi situación particular, llegaba a ser peor: una misma empresa enviaba la misma oferta a Cristóbal Cardemil Krause, Cristóbal Krause, Krause Cardemil Cristóbal, Cristóbal Cardemilkrause, Cardemil C. Krause y otras. Y así me llegaban cerca de cinco ofertas multiplicadas a la semana (la cantidad de correo acumulado que no podía ser botado—para evitar el robo de identidad—era, como se puede comprender, ridícula). Hoy, la cantidad de ofertas debe de ser de cinco al mes, y el ofrecimiento de crédito similar al que uno recibe cuando abre la Falabella para estudiantes.

También, la crisis se puede notar en las tiendas y en las calles. Cada día uno nota nuevos lugares que están cerrando, al punto en que hay centros comerciales abiertos que tienen todas sus tiendas cerradas. Lo mismo pasa en centros comerciales abiertos, en donde las tiendas menores están cayendo como moscas, y en donde el stock de ropa y otros elementos está muy reducido. Antes de la navidad, las ofertas eran constantes y enormes. Ahora, ya no hay tantas, porque no hay tanta ropa. Y también el número de casas en venta y que nunca se terminaron de construir es enorme.

En cuanto a la actividad, la crisis también se nota. Cada año, el MLA realiza una convención que es también la reunión de trabajo más grande para las humanidades en la academia. Este año, el número de cancelaciones para puestos de profesores fue mayor y mayor cada vez. Conseguir un trabajo se ha vuelto algo complicadísimo (más que lo común), y si antes había un puesto por cada cinco, este año fue un puesto por cada veinte o treinta. Y, luego, la gente que fue a la convención dijo que había poca gente y que escucharon a varios decir que era la más triste y con poca gente que habían visto nunca (y se está hablando de una convención que congrega normalmente más de diez mil personas).

Es decir, la crisis económica sí se siente acá. A nosotros, por lo que ya dije, casi no nos toca, excepto porque nuestro banco y todas nuestras tarjetas de crédito están cambiando de nombre, porque no teníamos relación con ningún banco fuerte, lo que no es ninguna cosa extraña, porque son pocos los bancos que no estaban metidos hasta el cogote con la cochinada en Wall Street. No nos toca, por suerte, pero sí la podemos ver.

enero 27, 2009

Un gran día

Con Sole estamos arrastrando una gripe por más de tres días ya. Con fiebre, romadizo, tos, estornudos y sintiéndonos como las pelotas. Hoy, después de una noche en que me levanté al menos cinco veces (según la Sole) para sonarme, estornudar—y esos no son poca cosa—y vagar por la casa, me levanté, sin una pisca de sueño, a las seis de la mañana, sin ninguna razón aparente. Y los síntomas, si bien disminuidos, seguían. En realidad, habían cambiado por más mocos y estornudos, pero sin fiebre y con más ánimo. A la que le llegó la fiebre fue a Sole. Después de hacer el desayuno, y pichicatearme como era debido, fui a comprarle unos remedios que quería la Sole.

Cuando por fin me tocó irme a enseñar, mis síntomas seguían, igualito que los de ella, que tenía que ir a trabajar al language lab. Yo tuve que salir al menos seis veces a sonarme y estornudar de la sala de clases. Terminé agotado, y Sole me llamaba para contarme que ya no aguantaba el frío que tenía con la fiebre que no cedía. Después me tocó almorzar (una sopa demasiado caliente y pizza demasiado fría) y hacer mis horas de oficina, a las cuales no llegó nadie, pero que de seguro dejaron traumada a toda la gente que escuchaba mis estornudos y sonadas cada tres minutos.

Más tarde, me tocó ir a mi clase, mientras Sole enseñaba. No llevé la cuenta de cuántas veces salí de la sala, pero fueron muchísimas. Tuve el buen tino de sentarme lejos de la mesa, y no cerrar nunca la puerta, para pasar más piola (¿servía de algo? no… seguramente están todos convencidos de que los contagié de esto, pese a que me dicen que a estas alturas ya no debo estar contagioso). Sole, por su parte, enseñó una hora y se dio por vencida. Dejó tarea y se volvió a la casa. Ahí nos encontramos. Yo, con los ojos rojos y bien chiquititos, la nariz pelada y la cara poco iluminada. Ella con un frío que la hacía temblar y con dolor en todo el cuerpo.

Y, pese a todo, este fue un gran día.

enero 17, 2009

Publicado

http://w3.coh.arizona.edu/divergencias/current_ed/edicion_actual.htm